EL POZO DE LA DESINSPIRACIÓN

Cuando la mente se vacía y cae en el pozo de la desesperanza, nada acude en ayuda de la inspiración. ¿Se agotaron los recursos o se trata simplemente de una situación transitoria? Es la monotonía quien apaga las luces de la creación, es el ritmo cansino de la vida el que adormece la comunicación con lo sobrenatural. La fuente de palabras y de ideas que brotaba clara desde las profundidades del alma, como un manantial que parecía inagotable, reposa ahora en las tranquilas aguas estancadas de una charca. ¿Cómo despertar al duende inspirador si no sabemos invocar su nombre ni conocemos su procedencia? Recibimos tanta información dolorosa, tanta basura se acumula en nuestro portal, que es difícil saludar el día con la alegría del enamorado. ¿Acaso el desamor nos hará volar a los pozos oscuros pero fructíferos de la tristeza o nos sumirá más aún en el letargo de la indiferencia? Dejar de mirar la vida desde el balcón de invierno del recuerdo, pasarse a la orilla del mar del futuro, bañarse allí los pies notando el frio entre los dedos, despertar la sonrisa, abrir los ojos, llenarse los pulmones con aire nuevo. Viajar, amar, escuchar, hablar, compartir… Para devolver la magia de la imaginación hay que conjugar los verbos que requieren compañía. La soledad no es mas que sentirse acompañado por uno mismo y proporciona la misma energía. Sea como sea, quiero pedir que vuelva la luz reveladora y que me permita seguir pulsando las letras que son como píldoras para seguir en pie.



NUESTRA SEÑORA DEL BUEN PARTO

Si tuviera que decir a la cámara algo que pudiera ser interesante acabaría pasando el tiempo de grabación con la mirada perdida en el cielo para ver descender la inspiración. Pero si me siento a escribir es más fácil que salga algo que viene seguro de dentro, que está ahí esperando ser invocado. Sólo hay que decir la palabra mágica, abracadabra, en mi caso Aurora.

Nadie conoce a nadie, somos como nos imaginan que somos. ¿Quién puede conocer los entresijos de una mente, si a veces no podemos vernos ni a nosotros mismos con claridad? Al final, digo que somos lo que los demás ven, o alguien parecido. Y ¿Qué me dices de adivinar como fueron, qué serán? Un desafío imposible, sólo al alcance de algo tan potente como la imaginación. De allí viene esta Aurora, puede que tenga rasgos reconocibles o tan contaminada sale de mi cariño que sólo es una fábula, un producto de factoría de ficción. Que más da, yo escribo, tú lees y por un momento hemos conectado nuestras mentes, uno en el otro. Es como un beso de felicitación que dice cuanto quieras que diga.

“Aurora a sus veinticinco años tiene un armario lleno de ilusiones, de cosas por hacer, de proyectos, de amigos. Tan lleno que parece va a romper las puertas y salir, desbordarse por la habitación. Lo mira y piensa: “ ja ficaré ordre un dia d´aquestos, però no tinc temps” No tiene tiempo porque su reloj corre tras ella diciéndole que queda tanto por hacer que debe correr. No es una huida desenfrenada, es una carrera necesaria para llenar tantos deseos como se agolpan en su mente. Llega al hospital temprano, ha tenido tiempo de preparar el desayuno a su marido y dejar todo en orden. No es una imposición, no podría hacerlo de otra manera, le place, disfruta de ello, por eso cuando llega al hospital ya lleva su sonrisa y sus labios pintados de rojo. Se viste con ese vestido corto de enfermera y antes de salir del baño se mira en el espejo, como para desearse suerte, pero a la vez para infundirse ánimo. “ Xé, no estic mal, en hi han de pijors!”

Cuando sale le sigue una estela de perfume que no consigue alcanzarla porque ella ya está en el paritorio. Allí entra irradiando luz, como su nombre, la que brilla. Más se alegran las compañeras que salen de guardia. Por fin el relevo a un noche larga, siempre tediosa. Los paritorios son salas tristes, donde los gritos de las mujeres, el sufrimiento, han dejado manchas en las paredes, han impregnado todo el espacio de una pátina de dolor. El paritorio es un espacio que puede convertirse en una cárcel si dejas que el dolor te posea. Pero con Aurora el dolor esta inerme, porque ella genera alegría, despierta esperanza. Cuando entra pinta de color aquellas paredes grises del mismo color que sus labios o de verde manzana o de azul turquesa. Habla a las mujeres con la determinación de un general que va a llevar a sus tropas a la victoria, con la dulzura de una madre que susurra a su hijo para que no tema en la oscuridad. “Ala xiqueta que aço està molt bé, estas casi en completa i acabarem en un momentet” Hay una situación de desamparo mayor que la del miedo, la del dolor y el miedo. El parto tiene todos los ingredientes para romper la integridad de una mujer. Ni el amor al hijo puede a veces superar esa terrible necesidad de acabar con el martirio del dolor brutal, esencial, que parte de las entrañas y se abre camino hacia el sexo. El lugar que fue punto de partida de placer, de sueños es ahora un enemigo que se interpone al descanso, al fin del sufrimiento. “Cariñet, estem acabant, en un moment voràs al teu xiquet” No existe siempre el consuelo, pero tener una mano a la que agarrarse, alguien que te trasmite calor, alguien que te está diciendo con los ojos, si pudiera compartiría tu dolor, permite resistir, mantener la dignidad de ser mujer. La dignidad que no viene de sufrir para parir, si no la dignidad de ser la actriz principal en el proceso de la vida. Aurora es el faro en la tempestad, la luz del amanecer que disipa los fantasmas de la noche. Cuando el dolor estalla en grito y tras él viene el llanto del niño que ha nacido en sus manos, cuando el drama se convierte en felicidad, cuando todo estaba a punto de derrumbarse y ha conseguido mantener la calma, de nuevo sonríe : “ Tu veus, és preçios, com vas a ficar-li? Ara ja ha passat tot, en un momentet estaràs dalt bonica”

Aurora a los sesenta años tiene un armario lleno de ilusiones, un día de estos tendrá que poner orden o amenaza con romperse, pero no tiene tiempo, hay tantas cosas por hacer. Sale temprano para ir al hospital después de haber preparado el desayuno a su marido, él ya sabe que no es por obligación, lo hace por gusto y no podría dejar de hacerlo aunque quisiera. Entra el paritorio con una sonrisa y sus labios pintados y se pone el pijama de la guardia. Antes de salir del baño mira de reojo el espejo y piensa “Xé, no estic mal! En hi han de pijors!” Cuando abre las puertas de aluminio y entra en aquel sagrado recinto, donde la actividad de la noche ha dejado secuelas en los ojos y las caras de sus moradores, un chorro de agua fresca llega hasta aquellos durmientes “Xiquets, com esteu. Ale vaig a fer-vos un café. Qué tenim per açí? ” y se acerca al paritorio donde una mujer con epidural, junto a su marido esperan con cierta aprensión el cambio de turno sin saber quien les va a llegar. Sonríe la explora y le dice: “Cariñet aço està molt bé, estas casi en completa i acabarem en un moment”

Com que Aurora corre més que el temps, no podrà mai alcançarla, serà sempre la xiqueta, la germana, la mare de vinticinc anys que cuan obri la porta deixa entrar la llum, amb eixa risa oberta que surt dels morrets pintats en roig.


Un beset de Robert

Benifaraig 5 de juny de 2012



Ordinary World. Duran Duran
 

NAUFRAGIO INFORMATIVO

    Baño de sangre en Manchester, brutal atentado que ha matado 22 personas, entre ellos adolescentes y niños.

   Una nueva Tragedia en el mar se cobra la vida de al menos 34 inmigrantes, de ellos unos diez niños.

   Un grupo de hombres armados disparó la mañana del viernes contra una comitiva de autobuses cargados de cristianos coptos al sur de Egipto, matando al menos a 28 personas, muchos de ellos niños.

   Todo ocurrió durante esta semana, casi simultáneamente, pero no escuche el mismo ruido informativo con unas noticias que con otras. No se tuvieron los mismos minutos de silencio por las víctimas. No nos sentimos tan agredidos con todas las muertes. Ni todos los cadáveres de niños suscitan la misma indignación. Si comparamos la forma de abordar las noticias y la tinta que ha corrido para cada uno de los atroces crímenes, sabremos que estamos hablando de un naufragio informativo. La crisis humanitaria en Yemen no merece ni titulares, aunque los muertos siguen siendo niños.

Gregerias. Ramón Gómez de la Serna

EL SIMIO ITINERANTE

Desde que unos primates cruzaron la llanura de Laetoli en Tanzania hace 3,6 millones de años y dejaron sus huellas en el fango de la ceniza volcánica, el hombre y sus ancestros no ha dejado de moverse. ¿Porqué se arriesgaron a salir de su tierra? ¿Qué nos  hace ser unos monos inquietos? Quizás resida en nuestro ADN o en nuestro cerebro repleto de circuitos reverberantes. Es posible que los motivos vengan del medio o del miedo, quién sabe. La búsqueda de nuevos territorios, la conquista, el poder o la ambición nos han hecho descubridores y nos ha permitido poblar la Tierra. Muchos hombres y mujeres a lo largo de la Historia han arriesgado sus vidas y las han perdido para buscar un lugar más apto, más amable, más bello o más rico. Este mono itinerante hizo posible que las civilizaciones se enriquecieran. Los viajes sirvieron para compartir conocimientos, cultura, ciencia, arte, alimentos, especias… Nuestros antecesores salieron de África, se adentraron en Asia o quizá cruzaron el mar para entrar en Europa seguramente movidos por los mismos motivos que ahora. Suben a barcazas y recorren interminables caminos plagados de peligros, con sus hijos de la mano para buscar un futuro mejor. Mujeres y hombres pasando hambre, dejando atrás sus casas y sus familias por un sueño. Ellos han sido los verdaderos fundadores de nuestro mundo, los emigrantes.

Ahora hemos decidido crear fronteras, levantar muros, dejarlos en campos de refugiados, abandonarlos a su suerte en el mar, permitir que naufraguen sus sueños. Hoy pensamos que cada cual debe permanecer donde le correspondió nacer, sin haberlo elegido, aún a sabiendas de lo injusta que resulta la vida de quien nació en la miseria, sea cual sea el lugar. No nos entra en la cabeza que pudimos ser nosotros los nacidos en el África que se muere de hambre, en el desierto arrasado por el sol o por las armas (las que les vendimos), en países donde la explotación es la norma, en los basureros del mundo moderno... Es absurdo que si en millones de años el ser humano ha sido trashumante, viajero, migrante o aventurero, cuando tu destino y el de los tuyos es la muerte no salgamos corriendo hacia adonde sea para cambiarlo. No existe un hombre o una mujer en el mundo que no desee un hogar confortable y seguro, alimentar a sus hijos, soñar con un futuro mejor. Musulmanes, cristianos, budistas, negros, amarillos, inteligentes o necios, pobres y millonarios, todos coincidimos en los mismos deseos, cada cual a su manera.

No hay un solo humano que se resigne si ve la vida de sus hijos al borde del abismo. Sin embargo a todos aquellos que corren para salvarse, les ponemos la zancadilla. Recuerdo como nos escandalizamos cuando una reportera puso el pie a un emigrante sirio en la frontera de Serbia. Todos nos solidarizamos con el pobre emigrante, lo trajimos a casa como disculpa ¿Qué hacen nuestros gobiernos, con nuestro consentimiento, cuando impiden la entrada de refugiados a las fronteras de nuestro pretendido paraíso? ¿No estamos poniendo zancadillas a los que tratan de saltar vallas y cruzar mares? Lo queramos o no somos cómplices de aquellos que se reúnen en cumbres políticas para resolver problemas que nunca se resuelven, de aquellos que dictan leyes en contra de los hombres para bien de los mercados, de los que levantan muros de palabras y miedos para justificar las murallas y las rejas.

Y si nos preguntan, todos somos Hombres de Paz. ¿Qué Paz puede querer quien consiente la guerra? Cómo pretendemos acabar con el odio si no acabamos con lo que lo produce. La injusticia, la ignorancia, la miseria (no la pobreza, si no la miseria sin futuro), el hambre, la violencia, la desigualdad aberrante, esos son los ingredientes del odio. No podemos haber estado caminando millones de años para acabar aceptando que los que huyen de la barbarie para salvarse son delincuentes, enemigos, seres peligrosos, terroristas en potencia. Si nuestras sociedades no han aprendido el valor de lo diferente, la solidaridad con sus congéneres, la necesidad de una moralidad centrada en el Hombre, es que la evolución ha sido un fracaso, una decepción y no un proceso extraordinario.

Jo vinc d'un silenci. Raimon

TERRORISMO ES EL HAMBRE

Gracias a nuestros magníficos políticos, los de aquí y los de otros lugares del mundo civilizado, que ya han tomado conciencia, disponemos de leyes antiterroristas. Me siento más seguro.
Hemos conseguido aislar en nuestro país uno de los llamados lobos solitarios, la que se hace llamar Casandra. Tuvo la osadía de escribir un twitt que ella creía gracioso sobre un insigne personaje de nuestra historia, asesinado por ETA. ¿Acaso esto no es apología del Terrorismo? ¿No se le puede considerar miembro de un comando no fichado de la banda?

¿En serio, escribir un chiste malo es terrorismo? ¿Es que no han acabado la carrera los ilustres que dan valor de verdad a esta aseveración? Pura hipocresía. Tan aberrante que ofende nuestra inteligencia.

Podrían ver el terrorismo en otros actos. Ayer escuché que cada día se deposita un ramo de flores en la tumba de Franco desde 1976 pagado por el Estado. Aquel que inició una guerra civil, responsable de la represión posterior y de una dictadura fascista que acabó con la vida de miles de españoles. Miguel Hernández murió un 28 de marzo hace 75 años a manos del Régimen Franquista en la cárcel, por escribir poemas buenos, no chistes malos. Así que me resulta ofensivo estar contribuyendo con mi dinero a dicha ofrenda. Pero ¿Se puede culpar a quien cada día deja las flores de colaborador del Régimen? ¿Es Terrorismo de Estado pagar el ramo? Terrorismo me parece la pobreza instalada en el alma de nuestro país, la económica de muchos y la intelectual de otros. Terrorismo es el hambre.

Tenemos los medios para acabar con el hambre en el mundo y cada minuto muere un niño por desnutrición. ¿No podemos hacer una Ley Antiterrorista que acabe con la miseria? Quizá fuera más efectiva que las vigentes, la miseria es el caldo de cultivo de la rabia. Es el embrión de los salvajes que acaban pensando que el mal proviene de Occidente. Además la miseria ofende, o debería ofender nuestras mentes limpias de hombres y mujeres civilizados. Lo que ocurre es que tenemos corto alcance. Somos capaces de ver antes un twitt, un wassap, un SMS que la Historia repitiéndose como un eco.

"Me asusta una sociedad en la que la libertad de expresión, por lamentable que sea, pueda acarrear penas de prisión” Me inclino ante esta frase pronunciada por la nieta de Carrero Blanco. No se me ocurre mejor homenaje a la memoria de su abuelo. Ha recorrido el camino que algunos de nuestros jueces y políticos no se han planteado si quiera empezar a andar. Gracias a frases como esta y no a los ¡Arriba España! sigo pensando que podemos ser un país grande.


Adele - "Tired"

El Dios de los nuestros o las trompetas del Apocalipsis

Se oyen sonar desde hace tiempo las voces de quienes vaticinan el Fin de los Tiempos, son los augures del desastre. Hablan de un Dios furioso removiéndose en su trono y conteniendo la rabia a duras penas. Nos muestran los males de una sociedad descreída, un mundo de adoradores de ídolos contrapuesto al de los creyentes de los Misterios de la verdadera Fe. Dios dicta las normas del Bien y el Mal. Él es el Orden. Pero tantos dioses se erigen en verdaderos, tantos exigen lealtad absoluta y ciega, que el mundo les ha vuelto la espalda y los Hombres se han erigido en el único dios a adorar. Ese egocentrismo es la forja de nuestro modelo de sociedad. Yo como objetivo, Yo como fin, Yo buscándome a mi mismo, YO, Yo y yo. No hay una visión clara de que es lo que queremos para nosotros mismos, nos preguntan y decimos: La felicidad ¿Y qué significa ese hermoso vocablo? ¿Poseer, comprar, poder? Esencialmente significaría vivir, encontrar la vida como un regalo y vivirla.

No es un sueño irrealizable. No parece tan complicado. El problema es ¿Cuánto le pedimos a la vida? Y el segundo problema es si se puede ser feliz en un mundo atroz. Rodeados de miseria, de actos miserables, de personajes públicos de conductas obscenas. ¿Se puede ser del todo feliz si hay pobres muy pobres junto a ricos muy ricos?

Oigo los clarines de la furia desatada de un Dios justiciero. No será Él quien se levante del trono y empuñe la espada, no enviará a Abaddon su ángel destructor, ni habrá un Armagedón como anuncian las trompetas, serán los olvidados los que acaben con la locura en la que el Mundo camina. Ellos serán la plaga de langosta enviada para aniquilar a los que fueron marcados. Casandra grita desde hace siglos para avisar del futuro devastador que trae la Injusticia y el Hambre (El primero de los jinetes del Apocalipsis). La sacerdotisa conoce los arcanos de la adivinación, pero su maldición fue que nadie creería sus presagios. Nos mantenemos ciegos en este ejercicio de insolidaridad que nos destruye como especie.

Cada día nos encontramos con algún hecho nuevo que nos debería abrir los ojos: siguen muriendo niños en las playas de Europa, son asesinados en cárceles Sirias los opositores, torturados, colgados y el mundo sigue en silencio, la mayor cárcel del mundo a cielo abierto en Gaza sólo asoma de tanto en tanto a las conciencias, las hambrunas en África dejaron de ser noticia, como los genocidios, la muerte y la guerra (otros dos jinetes memorables).

Todo está preparado, los sellos del Libro Sagrado se han ido abriendo y se oyen ya las trompetas que anuncian la destrucción. La última en sonar lo hizo desde el Capitolio, al abrirse el sello apareció un nuevo jinete, monta como un cowboy el caballo blanco, es el cuarto jinete (el jinete de la Victoria, Trump significa Triunfo). Quizá parezca que galopa sobre un pollino y habla con la procacidad de los bárbaros, pero sabed que en su mano porta el arco que dios le ha dado (el Dios de los nuestros) para vencer a los infieles. En su cabeza coronada podéis ver un flequillo ridículo, pero bajo el pelo color de azafrán se esconde un cerebro lleno de viejas ideas que parecían enterradas, muros inexpugnables, negocios exitosos. Ha venido para abrirnos los ojos de lo cerca que nos encontramos del abismo, de cómo hemos sido capaces de abrir una zanja bajo nuestros pies con nuestras propias manos.

El Hombre demuestra a cada paso su torpeza y su enorme capacidad para hacer aquello que no le conviene. ¿Por error? No, por ignorancia, por miedo, por comodidad, por egoísmo. Lo cierto es que el caballo blanco agita las crines al viento y las multitudes enardecidas le aplauden.

¿Quién detendrá al jinete victorioso? ¿Seguiremos abriendo los sellos que llevan nuestro destino y nos arrastran al caos? ¿Seguirán sonando las trompetas del Apocalipsis hasta que el Fin sea irremediable?

Espero que alguno de los dioses que los Hombres adoran se levante de su trono y en vez de enviar ángeles destructores, envíen maestros, hombres libres, líderes sabios que nos devuelvan la esperanza.


El cantautor kenyà Ayub Ogada interpreta "Kothbiro"